LA JIRIBILLA
Por Jaime E. Rey
Los casinos benefician a las mafias. Para la sociedad son costosos y nocivos. Todos los juegos de azar aumentan la pobreza y crean peligros en las comunidades.
Si bien, lo sucedido en Monterrey es un caso insólito, no es prudente invitar mafias a casa. Los casinos son ideales para lavar dinero, promover prostitución, y otros vicios explotados por las mafias, quienes tienen de sobra para comprar el disimulo de las autoridades.
La magnitud de la tragedia de Monterrey se debió más a la negligencia y corrupción de las autoridades que al peligro físico que posa un casino. Honestamente supervisados su peligro físico no es mayor al de otros establecimientos.
Donde la mafia opera el disimulo comprado es usual. Aquí en Chihuahua hay varios casinos y ninguno tiene más de una puerta, la principal. No tienen salidas de emergencia. También hay cines, restaurantes y salones de baile inseguros. Predomina la negligencia oficial y abundan trampas mortales.
Se ha comprobado que los pobres, quienes menos dinero tienen para arriesgar, son los principales soñadores y los más fieles clientes de esos desplumaderos. Dependen mucho de su suerte, aunque es obvio que la que tienen es mala.
En semi muerto pueblo del estado de Luisiana, Estados Unidos, el único negocio abierto en medio siglo fue un casino en antigua reservación de una tribu indígena. El segundo fue enorme casa de empeño que rápido se llenó de artículos empeñables y hasta de autos.
Varios residentes perdieron propiedades y sus casas. Los robos y otros crímenes aumentaron alarmantemente. La defensa de los casinos estadounidenses es que están en lo que fueron territorios cedidos a tribus indígenas, con leyes propias, independientes de leyes estatales. Los casinos alivian algo la pobreza en esas etnias y pagan impuestos.
En El Paso hubo uno en Ysleta. George Bush lo cerró porque en ese rincón de Texas no hay territorios cedidos a los indios y violaba leyes estatales. Hay un casino-hipódromo en Sunland, Nuevo México, rodeado por territorio texano.
En papel, los casinos son de los indios y ellos tienen participación en las ganancias, pero los regentean mafias de blancos. Proliferaron porque los gobiernos estatales y el federal tienen años al borde de la bancarrota.
Pagar impuestos directos es repulsivo, para los ciudadanos. Se han ideado impuestos llamados “entertainment” o “luxury taxes”, impuestos recreativos o de lujo. El gobierno bolsea a sus ciudadanos por medio de los casinos, loterías, hipódromos y otros exprimideros. Las dos mafias ganan y nadie se queja.
Previo a esta válvula de escape, tan costosa como los cigarros, por sus altos impuestos: el gobierno dice, “mátate, pero pagame impuestos por tu veneno”. Antes de legalizarlos y abrirlos en todo el país, los casinos operaban en barcos en ríos y en aguas internacionales cercanas a las costas del país.
Hasta que el gangster Bugsy Seagel descubrió, en árido desierto, un oasis donde casinos, prostitución y todo lo que estas generan eran legales.
Convenció a la mafia italiana, de construir en Las Vegas el Sands Hotel, un casino con recamaras. Bugsy gastó de más, enojó a la mafia y fue asesinado sin llegar a ver la magnitud de su genial idea. Se perdió la majestuosidad de la más fabulosa ciudad en el mundo.
En Las Vegas las mafias han construido, con excesivos lujos, todo lo que necesitan para lucrar con todas las debilidades humanas, incluyendo las drogas y otros vicios.
Leyes favorables les proveen protección absoluta. Lo que en otras partes es ilegal ahí es legal. Ahí todo se vale. Su motivo de ser es dar placer, satisfacer todos los gustos, así sean bizarros.
Todo está bajo control. Las Vegas, con todo lo expuesto, no es tan peligrosa como otras ciudades estadounidenses o algunas mexicanas. Será porque no hay que salir a robar. Las victimas van cargadas de dinero a los ladrones. Ahí se va en avión y se regresa en camión o de levantón.
Las enormes riquezas que voluntariamente dejan ahí millones de visitantes, por si solas explican el atractivo de los casinos para los mafiosos.
En ninguna parte se han dado, ni se darán, las condiciones que atrajeron a Bugsy y que tan bien explotan las mafias.
En nuestro país se deben prohibir los casinos, todos. No tenemos la manera, el respeto a las leyes, ni la intención de regularizarlos para darles seguridad y un módico de honestidad. Si no se puede clausurarlos, hacerlos seguros. Lo criminal de los casinos gringos y del resto del mundo se multiplica en este país.