ALTA Y ADENTRO
Por Jaime E. Rey
El beisbol es un juego complicado, cerebral. Su gran variedad da para todos los gustos.
Lo mismo se goza un juego de 1-0, no necesariamente bueno, que uno de 12-11, que dependiendo del pitcheo, del bateo y del fildeo puede ser bueno o malo.
Hay diferencias de gustos pero hay que aprender a discernir a evaluar lo que es bueno sin discusión y lo que sólo es bueno en las mentes de algunos aficionados o analistas.
Por ejemplo, para muchos el segundo juego de la serie final de la Liga Mexicana fue un juegazo. Eso los narradores lo repitieron casi con cada pitcheada. Ganó Tigres 1-0 en lo que yo vi como aburridazo.
Si bien el pitcher, Pablo Ortega, estuvo muy bien, el bateo de ambos equipos estuvo muy mal. Poco de emoción se vio. No hubo jugadas de alarido.
Comparado con ese juego y el primero de la final de LMB, los juegos del equipo de Mexicali, que representa a México en la Serie Mundial de ligas pequeñas en Williamsport, Pensilvania, se ven como aquellos inolvidables juegos de los Dodgers de Los Ángeles en sus años de gran fildeo y pitcheo.
Primero, México ganó a Japón 3-2 haciendo jugadas comparables con las mejores de las mayores.
Luego le repitió la dosis de excelencia a Venezuela, ganándoles 2-1en nueve entradas, tres extra, con gran pitcheo y hermético fildeo.
Si compara los boxscores de la Liga Mexicana con los de estos dos juegos se maravilla. La labor se la dejo a usted para que vea a lo que me refiero.
Empiece por el pitcheo. Es increíble como niños de 12-13 años tiran más strikes que los profesionales. Los chamacos llegan a su límite de 85 lanzamientos con promedios de 10 a 12 lanzamientos por entrada.
En la LMB es usual que los pitchers lleguen a su límite de cien lanzamientos para la cuarta o quinta entrada. Pocos lanzan siete buenas entradas.
Pero hay una cosa preocupante con el beisbol infantil. Produce pocos peloteros que avanzan a profesionales, los más pierden su temprana calidad de ligas mayores. Lo que son de niños dejan de serlo de adultos.
Los pitchers profesionales que ahora no tiran strikes los tiraron de niños. En infantiles los pitchers juegan varias posiciones y son buenos bateadores. A esa edad todo lo hacen. De adultos no permiten batear a los pitchers porque se hacen malísimos.
Dicen que es más difícil el beisbol entre adultos. Sí, pero todo es relativo. Dentro de los límites, por la diferencia de edades, los niños dan cátedra a los adultos. Por lo menos los niños que llevan a esa Serie Mundial.
Mucho tiene que ver con que aun no están viciados, que todavía ven el beisbol como lo que es, sólo un juego, aunque se le romantice o se le dé más importancia de la que merece.
Los niños no han perdido el don de saber divertirse. Pero han perdido algo más preciado, el don de ser niños, libres de serlo.
Se les trata como adultos con reglamentaciones demasiado exigentes. Los humillan poniéndolos a botear para sacar con que los lleven a donde los adultos van a presumir con ellos. Los adultos deberían ser los que boteen.
Se supone que el beisbol infantil es para crear peloteros no para enseñarlos a limosneros.
Todos los equipos en Williamsport saben jugar beisbol. ¿Cuántas horas de duro, tal vez aburrido entrenamiento, sufrieron? ¿Cuántas malteadas, cuantos chocolates les prohibieron? ¿Cuántas dietas rigurosas sufrieron? ¿Cuántas otras diversiones de su agrado se perdieron por la obligación jugar o entrenar a diario?
¿Son tan felices jugando en sus tierras, criticados en público por sus padres si fallan, como se ven en Pensilvania?
La experiencia que están viviendo nuestros pequeños héroes, en el umbral de un campeonato mundial jamás la olvidaran. Pero demasiados de ellos, hastiados de ser tratados como peones, disciplinados como si fueran soldados o asalariados del deporte, se olvidarán del beisbol.
Algunos lo odiaran por todo lo que hay que sufrir a su tierna edad para lograr éxito, para ganar honor para un país sin honor que les falla en todo.
Los adultos no toleran la fama, frecuentemente mueren famosos por sobre dosis. Hacer a niños sufrir la fama y molestas adulaciones intolerables para adultos raya en criminal.
Es innegable la belleza, la elegancia, la maestría y dominio que de tan complejo juego tienen estos niños. Pero el precio pagado para lograr esa excelencia es demasiado grande para forzarlo en niños.