ALTA Y ADENTRO
Por Jaime E. Rey
Los niños de Mexicali representantes de nuestro país en la Serie Mundial de liga pequeñas, después de dos maravillosas actuaciones terminaron escribiendo una triste historia.
El sábado perdieron 6-2 ante Japón jugando como si fueran los…, bueno, como si fueran los Diablos Rojos que el viernes fueron barridos por Tigres de Cancun en una final de un sólo lado.
Dijeron en televisión que los niños entrenan nueve horas diarias tres días de la semana. Me pregunto, ¿entrenando 27 horas por semana les quedará tiempo para aprender a escribir y a leer? ¿Para ser niños? ¿Para divertirse a su manera?
¿Practican nueve horas bajo el sol de Mexicali? Murió un cachanilla y llegó al infierno pidiendo abrigo. Así de calor hace ahí.
Sume las incontables horas con el celular al oído, o jugando maquinitas, las horas viendo deportes en la tele, ¿qué tiempo les queda para iniciar una vida sana? ¿A dónde van si no la hacen en el beisbol adulto?
A los 12-13 años son demasiado jóvenes para llamarlos ninis pero, ¿les deja el beisbol tiempo para no parecer eso? ¿Tienen tiempo para ser constructivos, para estudiar?
El beisbol infantil sobre regulado es el inicio de una vida disfuncional. Estaría bien si algunos llegaran a las liga mayores y ganaran más que un abogado, que un político chueco o que un honesto cardiólogo, pero llegar ahí está así de difícil:
Uno de mil niños gringos que hacen carrera del beisbol llegan a AAA autentica, más difícil que la liga del taco, léase Liga Mexicana. Aquí estamos peor y tratar de llegar a las mayores es más pesadilla que sueño.
Hay 30 equipos en las mayores. Los equipos tienen máximo 30 peloteros en su roster, con más calienta bancas que jugadores de planta. Menos del 10% son estrellas, aunque todos ganan millones.
En todo el mundo hay año con año de 700 a 900 liga mayoristas. Un infinitésimo porcentaje de la población global.
¿Recuerda aquellos trabucos de Taiwan que antes de que les cambiaran las reglas ganaban todos los torneos de Williamsport? No hay, ni recuerdo que haya habido un taiwanes en las ligas mayores o en el beisbol profesional de este continente.
El beisbol infantil no produce peloteros de ligas mayores. Roba infancia a los niños para inflar el ego de los padres. Acto criminal.
Los cachinillitas en dos entradas olvidaron como jugar su clásico beisbol.
¿Si se han quedado los padres en casa sin ponerles de las tribunas la presión que enseñaban en sus caras los niños, habría sido tan malo el resultado? desmedida presión de los padres conduce a hospitales de psiquiatría no a salones de la fama.
Recuerdo a un peloterito que durante los gritos de “si se puede”, provenientes de las tribunas me dice: “Señor Rey, dígales que se bajen ellos a poder”.
El beisbol, si lo dejan, es una gran diversión para los niños y forjador de carácter, pero visto, enseñado y practicado como un juego, no como un trabajo de presión sofocante.
Escuché que ellos podían mejorar la imagen del país. ¿No es eso demasiada presión para un niño? ¿Por qué deben ellos limpiar lo ensuciado por adultos? Nosotros debemos limpiarla para ellos. Darles orgullo de nosotros, no sacrificarlos para presumir con ellos.
Se debe impulsar la práctica del deporte, todo el deporte, entre niños y jóvenes, eso es saludable. Pero se debe hacer dejándolos ser niños, dejarlos divertirse a su manera.
Me preguntan, ¿y que de la disciplina si los dejan jugar solos? No creo sea sano confiar la disciplina de los hijos a gente voluntariosa y de buenas intenciones, pero que no les basta un beisbol sano con fallas infantiles, ni saben de educación o psicología.
A los niños hay que tratarlos con tacto, con conocimiento de sus frágiles egos, conducirlos a actividades productivas y educativas.
Mi generación gozó una niñez libre de exigencias absurdas de adultos. Jugábamos cuanto y como queríamos, nadábamos en canales, correteábamos sin llegar al aburrimiento. Nadie se metía con nosotros, éramos más sanos en cuerpo y espíritu.
La creación de liga mayoristas no ha aumentado con el beisbol infantil organizado. Es menor, en proporción al aumento de población global. La meta debe ser llegar a las mayores, pero esa improbabilidad no desquita el sacrificio de los niños.
Una vida sin pizza, sin hamburguesas, sin celulares, sin la tecnología que elimina pensar, es una vida como Dios manda. Un beisbol infantil divertido, sin explotación de adultos, también es como Dios manda.