LA JIRIBILLA
Por Jaime E. Rey
Cuando los gobiernos ineptos no pueden cumplir acuden a la mafia.
Recuerdo, hace muchos años, cuando con firmeza todo el cabildo de Cleveland, Ohio, exigió que el presidente municipal actuara contra la mafia, casi dueña de la ciudad.
El alcalde contesto con sonoro: ¿“Y, quien va a mantenernos solventes? Ellos son dueños o regentean todas las fábricas y negocios productivos, pagan más impuestos que nadie, controlan, sin que nos den problemas, a las prostitutas y otros criminales.
“Crean empleos como nadie y nos dan paz y tranquilidad. ¿“Que hemos hecho nosotros mejor que ellos últimamente”?
Fin de la discusión.
Los legisladores de, Massachusetts, tienen tres años debatiendo la legalización de casinos. Los oponentes se están quedando sin dinero para seguir peleando, pero los promotores siguen recibiendo dinero de la mafia y tienen el gane casi en la bolsa.
El sólo hecho de que se debata invitar a la mafia a Boston nos diferencia de ellos. Aquí el pueblo, al final el pagano, nunca el beneficiario, no es consultado para nada. Es así que tenemos, según datos oficiales, más de mil casinos en el país y sólo como el 10% son inmaculadamente legales.
Estos datos se afirman o se desmienten con ganas. Desconocemos la realidad. De no ser por la tragedia del Casino Royale, los desplumaderos pasarían tan desapercibidos como la tienda de la esquina.
Que eso los identificara como lacras peligrosas significa poco. Se olvidará la tragedia, los quesos, el hermano incomodo y delo por seguro que pronto llegaremos a 2000 casinos chuecos en el país.
La impunidad atrae.
Eso sería aceptable si el propósito de abrir casinos aquí fuera el mismo de EEUU.
Nadie, que yo sepa, ha mencionado o defendido a los casinos por que sean fieles contribuyentes a Hacienda. ¿Sería bueno que reportaran cuanto pagan en impuestos, federales, estatales y municipales y que los gobiernos comprobaran el uso integro del dinero en beneficio del pueblo.
Que México tiene al hombre más rico del mundo y algunas de las más grandes fortunas se debe a que aquí es más fácil hacerse rico que en el resto del mundo civilizado.
Con tranzar a Hacienda y a la clientela basta. Eso se hace más y mejor aquí que en otros lados. Ese es el alma de los buenos negocios y los casinos son de los más lucrativos. Por eso sus dueños son mafiosos, ellos tienen con que comprar impunidad.
En la Nueva Inglaterra hay inconformidad porque hoy se debatirá la aceptación de los casinos y se contempla cobrarles en impuestos sólo el 25% de sus ingresos. El gancho es que el dinero se utilizará para mantener bajo el predial y pagar por otros servicios.
El impuesto contemplado pondría a ese estado a la mitad de lo que otros estados pagan. Los impuestos estatales fluctúan del 57% en Delaware al 7.5% en Nevada, donde hay más casinos y son mayores los ingresos.
El impuesto no se había debatido y ahora llama la atención porque se considera demasiado bajo. En Washington Jeff Hooke, un banquero e inversionista de reconocida experiencia en impuestos y sus efectos, dice que cobrando el 25% los residentes de Masschusetts no recibirían suficientes beneficios por autorizar un monopolio legal.
En otras palabras, antes de meter dinero en las maquinas que se lo tragan con deshonesta voracidad, los residentes ya serían robados.
Los proponentes de los casinos dicen que impuestos altos limitarían la capacidad de inversión de los casinos en hoteles y otras fuentes de trabajo. Todo casino tiene muchas más maquinas traga monedas que mesas de juego.
Las maquinas requieren poca atención y están calibradas para que a la larga el cliente siempre pierda. Pocos son los “jackpots”. Las mesas de juego requieren personal y en ellas el cliente que sabe jugar tiene, aunque pocas, mejores posibilidades de ganar o salir parejo.
La relación de empleos a ingresos y ganancias es muy desfavorable. Las Vegas es la ciudad más fabulosa del mundo porque con todo y sus regalos promocionales es la más mezquina.
Es tan atractivo, tan irresistible el vicio de las apuestas que los casinos de Las Vegas sin pérdidas promueven la organización “apostadores anónimos”. Mercenarios como son, reconocen los perjuicios que causan explotando la debilidad de sus clientes.
En México no sabemos de ningún beneficio al pueblo. No sabemos si pagan impuestos, menos cuanto pagan. Si no gastan en puertas de emergencia: ¿Pagarán impuestos legales a los gobiernos corruptos que tienen comprados?
Para casinos rateros dos mafias, las nuestras.